RESUCITAMOS CON CRISTO EN LA CONFESIÓN

La Resurrección de Jesucristo es el misterio más importante de nuestra fe cristiana. Si Cristo no hubiera resucitado, vana sería nuestra fe, y falsa nuestra esperanza. El mensaje de Pascua para nosotros en pleno siglo XXI es la mejor de las noticias: ¡Con su resurrección, Cristo nos ha liberado de nuestros egoismos, de nuestros complejos, de nuestra sensualidad! Falta, sin embargo, una fase de limpieza y saneamiento interior, que nos corresponde a nosotros.  
Hermanas y hermanos:
1.  “Creer es ver con el alma”: Hoy viene el Resucitado a abrir nuestros ojos como a Tomás para que descubramos una nueva dimensión en nuestra vida. Su Espíritu nos ilumina, fortalece nuestro ser con una una vida nueva, nos inunda de gozo y de paz. “Si habéis resucitado con Cristo, nos dice San Pablo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la derecha de Dios; pensad en las cosas de arriba, no en las de la tierra”. (Col. 3, 1-4).
Pero Jesucristo no sólo ha resucitado, sino que nos ha prometido que nos resucitará también a nosotros. “La fe en la resurrección de Jesús, vuelve a decirnos San Pablo, nos permite esperar con confianza nuestra propia resurrección y esta esperanza nos da la fuerza espiritual para romper las ataduras del pecado”.
2.  “Amar es abrazarse a la misericordia”. Celebramos este año nuevamente la Fiesta de la Divina Misericordia que instauró Juan Pablo II en respuesta a la solicitud del mismo Cristo a Santa Faustina Kowalska. Jesucristo nos llama a acogernos a su Misericordia con tres solicitudes: arrepentirnos y confesarnos dentro de la semana anterior a la fiesta; comulgar el día de la fiesta; ser nosotros mismos misericordiosos, realizando algún acto de misericordia.
 ¡Cómo no animarnos con sus palabras! :“Deseo que la Fiesta de la Misericordia sea un refugio y amparo para todas las almas y, especialmente, para los pobres pecadores. Este día derramo un mar de gracias sobre las almas que se acerquen al manantial de mi Misericordia. El alma que se confiese y reciba la Santa Comunión obtendrá el perdón total de las culpas y de las penas. Que ningún alma tema acercarse a Mí, aunque sus pecados sean rojos como la sangre”.
3.  “Confiar es sentirse perdonados”: La confesión no es una penitencia, sino una gracia que nos transforma de seres manchados, en hombres puros.  En este sacramento la miseria del alma se encuentra con la Misericordia divina. Escuchen para terminar lo que le dijo Jesús a Santa Faustina Kowalska: “Yo en persona te estoy esperando en el Confesionario, sólo que estoy oculto en el Sacerdote. Yo mismo actúo en tu alma”. Aunque el alma fuera como un cadáver descomponiéndose y que pareciera estuviese todo ya perdido, para Dios no es así.
 Hermanos: Cristo no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta y viva. Hoy Cristo resucitado nos invita a acercarnos a Él en su infinita misericordia. Así sea.