AMOR COHERENTE

Durante el tiempo litúrgico de la Pascua hemos vivido la experiencia del amor infinito de Dios hacia el hombre.  Ahora llega el tiempo de dar a Dios una respuesta de amor en nuestra vida cristiana de todos los días. “Si me amáis guardaréis mis mandamientos” nos dice Jesús en el evangelio, y nosotros queremos ser coherentes ofreciéndole las obras de nuestro amor.
Hermanas y hermanos:
1.  Cuando un amigo se va le decimos cuánto lo queremos, le pedimos sus consejos y recomendaciones, le recordamos las experiencias bellas, le hacemos muchas promesas. La noche del jueves santo el cenáculo se transformó en escenario de una despedida, la más histórica, la más trascendental. Jesucristo sabía bien que era el último encuentro que tendría con sus amigos y lo aprovechó para  dejarnos un regalo, una recomendación y una promesa: El regalo fue el sacramento de la eucaristía; la recomendación: su mandamiento de amor; la promesa: el Espíritu Santo con la abundancia de sus dones.
2.  ¿Por qué relaciona Jesús amor y mandamiento? ¿No parecen más bien actitudes contradictorias? El amor nos suena a libertad y el mandamiento a sumisión. En la lógica de Dios es el amor el que da sentido al cumplimiento de la ley. “El que acepta mis mandamientos y los guarda, ese me ama”. Es la demostración del amor fiel.
Al relacionar amor y mandamiento, Cristo nos revela la novedad de su mensaje. Nosotros acogemos su herencia de amor cuando nos olvidamos de nosotros mismos y nos entregamos a los demás, cuando somos solidarios y vemos el rostro de Cristo en el que sufre, en el pobre, en el humilde, en el abandonado, en el pequeño. El amor se hace realidad cuando cristaliza en obras.
3.  El Evangelio siempre lleva consuelo, solidaridad y elimina el mal.  El mundo en que vivimos está cansado de promesas. Ni el consumismo, ni los programas políticos, ni el sueño de justicia para todos sacian la sed del alma humana. El cristianismo tiene mucho que dar al hombre de hoy. Constuye la civilización del amor en donde la justicia y la caridad se convierten en la ley que gobierna la sociedad y las empresas, en donde el poderoso piensa más en proteger la vida y el bienestar del pobre que en llenar su billetera de acciones.
El amor engendra amor. Hay un proverbio suizo que dice: “Las palabras son enanos, los ejemplos gigantes”. Sin pruebas, el amor no es mas que un sentimiento noble, pero vacío. Sin pruebas el amor se queda en meras palabras y, al final, resulta una gran decepción. Sin pruebas, el amor está muerto. “. Decía Jean Cocteau: “No existe el amor, lo que sí existe son las pruebas del amor”. La mejor solución será siempre poner en práctica la buena noticia del Evangelio: “Por sus frutos los conoceréis”. Que así sea.