CORAZÓN MISIONERO

August 19, 2017 radioluz
La liturgia de hoy cuestiona las posiciones cómodas de los cristianos a los que les basta ser buenos pero que no se esfuerzan por ser mejores, ni mueven un dedo para mejorar el mundo. En la esencia de nuestra vocación está el ser misioneros, como los primeros frailes que evangelizaron el nuevo mundo hace cinco siglos, o como los jóvenes y las familias misioneras de hoy que van de puerta en puerta acercándose a los que tienen su fe empolvada. Cristo murió para rescatarlos a todos. Al final de la parábola de la oveja perdida Jesús nos recuerda que la salvación es para todos: “Es voluntad del Padre que no se pierda ni uno sólo de estos pequeños”.
Hermanas y hermanos:
1.  ¿A quienes hay que misionar? A los más lejanos. Los lejanos” son los no creyentes, los cristianos inconstantes, los indiferentes. Todos ellos viven en una condición de disgusto existencial y, en el fondo, están esperando que alguien les hable del Señor y los acerque a Él. Los hombres, consciente o inconscientemente buscan a Dios y a tropezones intentan encontrarlo.
La actitud del cristiano tiene que ser abiertamente la de buscar a Dios en estos hermanos alejados y acompañarlos en el camino de la salvación. Descubrir el rostro de Cristo en todo ser humano, sea cual sea su situación, su pasado, su estado de vida.
2.  Nuestro acercamiento misionero a los hermanos lejanos, debe estar marcado por el diálogo abierto y respetuoso, llevado con inteligencia, paciencia y gradualidad, nunca con rigorismo. La fe se propone, no se impone. Apertura a todos los hombres, sin ninguna discriminación racial, cultural o religiosa. Sin embargo, esto no significa convertir el celo misionero en un “sincretismo indiferenciado” que nos llevaría a aceptar cualquier cosa ajena a la fe y a renegar o a disminuir los valores de la salvación que nos trajo Jesucristo.
3.  No todos tenemos la oportunidad de acceder a otras culturas o países o religiones lejos de nuestro ámbito cultural, pero sí podemos hacer realidad nuestra vocación misionera en los ambientes más cercanos como la familia, el trabajo, las relaciones sociales, donde debemos promover lo que une y luchar contra las divisiones y alejamientos.
Esta actitud de comunión se hace visible cuando somos capaces de ver lo positivo que hay en el otro, para acogerlo y valorarlo como un regalo de Dios: un don para mí. Es saber dar espacio al hermano, llevando mutuamente la carga de los otros y rechazando las tentaciones egoístas que continuamente nos asechan y engendran competitividad, ganas de hacer carrera, desconfianza y envidias.
Hermanas y hermanos: Que la Palabra de Dios nos comprometa a ser mejores cristianos en la vida diaria estando abiertos con simpatía y confianza a todos nuestros hermanos, creyentes y no creyentes, dejando de lado cualquier actitud agresiva. El mundo necesita testimonios de vida cristiana coherente y atractiva. “Haz esto y vivirás” nos dice el Señor.