LA REVOLUCIÓN DEL ESPIRITU SANTO

Hoy está ocurriendo de nuevo el terremoto que estremeció al universo entero y que revolucionó a toda la humanidad. La venida del Espíritu Santo. Es verdad que el domingo de Pascua seguirá siendo el corazón de la historia; pero si no hubiera habido un Pentecostés sería sólo un acontecimiento del pasado. El Espíritu Santo actualiza a Cristo y lo hace contemporáneo a todos los tiempos.
1.  El Espíritu Santo comenzó a moverse entre las conciencias de la primera comunidad cristiana y ha acompañado a la Iglesia en el revuelto mar de los tiempos. El nacimiento de la Iglesia fue así: los apóstoles se encontraban reunidos en oración, cuando sopló un viento impetuoso y se posaron sobre sus cabezas unas lenguas de fuego. El viento significa movimiento; con ello entendemos que la presencia de Dios es activa, remueve todo lo que se había paralizado, despierta a los perezosos de la modorra y arranca las ramas secas de la vida de los hombres. Y el fuego significa calor, entusiasmo, amor.
2.  Es hermoso ver que esta iglesia sigue viva después de 2000 años de historia. Es un motor que no se para y es signo de contestación. En algunas zonas del mundo parece cansada, pero en muchas otras demuestra una vitalidad sorprendente. El Espíritu Santo es el artista que continúa modelando el alma de todo cristiano a imagen de Cristo. Actúa silenciosamente a través de los sacramentos y da la fuerza para cumplir con fidelidad los mandamientos.
3.  Juan Pablo II decía a unos jóvenes que iban a recibir la confirmación: “El amor del Espíritu Santo que vas a recibir es más fuerte que tú, que tu indiferencia, que tu pasividad, que tu desgana, que tu falta de frutos, que tu desesperanza, que tu pecado. El amor todo lo puede. No has recibido un espíritu de traidor sino de valor, un espíritu para luchar, porque es más fuerte que tú mismo. El amor es más fuerte que tú“.
Ante la tentación de la cobardía y la comodidad, el amor es más fuerte que los enemigos del alma porque sabe taparse los oídos, sabe alejarse del mal, sabe perdonar, sabe caminar con pies ligeros, porque es más fuerte que cualquier sirena, porque es más fuerte que cualquier música enloquecedora. Pentecostés es como un anti Babel. En Babel los hombres estaban divididos, incapaces por sí mismos de encontrar una posibilidad de comunicación. En Pentecostés, por el contrario, todos están unidos en la misma fe y en el mismo Señor.
Cada día la Iglesia vuelve a comenzar. Cada vez que un grupo de hombres y de mujeres, de adultos y de jóvenes, de viejos o de niños, se reúne para escuchar la palabra del resucitado, se hace presente la acción poderosa del Espíritu Santo. En cierto sentido siempre estamos en un nuevo amanecer de la Iglesia.